El legado de la SGI como movimiento de paz proviene del primer presidente de la Soka Gakkai, Tsunesaburo Makiguchi, y de su sucesor, Josei Toda, quienes fueron encarcelados durante la Segunda Guerra Mundial por su clara oposición al militarismo japonés. Como heredero del compromiso pacifista de los presidentes de la Soka Gakkai, Ikeda ha trabajado incansablemente para desarrollar un amplio movimiento de paz, comprometido y enraizado en el pueblo.
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En este sentido, la SGI se encuentra a la vanguardia de un movimiento global establecido para las personas comunes, que transciende las fronteras nacionales y todo tipo de diferencias entre los pueblos, en un esfuerzo por forjar lazos de solidaridad entre todos los habitantes del planeta sobre la base de la comprensión mutua y la amistad.
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Refiriéndose a la importancia del diálogo, Daisaku Ikeda viene sosteniendo desde hace más de una década que los líderes de las principales potencias deben reunirse para intercambiar, de forma franca, constructiva y libre de prejuicios, puntos de vista que superen las diferencias ideológicas y sociales, para así asentar los cimientos de la paz en el siglo XXI.
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Afirma: “Abandonar el diálogo es, en esencia, abandonar nuestra esencia humana; y, si dejamos de ser humanos, renunciamos a nuestro papel protagónico en la historia”.
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Impulsado por esta creencia, ha sostenido diálogos con importantes pensadores, políticos y estudiosos del mundo, entre los que se incluyen, Nelson Mandela, Zhou Enlai, Mijail Gorbachov, Linus Pauling, Rosa Parks, André Malraux, Aurelio Peccei, Arnold Toynbee, Václav Havel, John Kenneth Galbraith, Yehudi Menuhin y Adolfo Pérez Esquivel, entre otros.
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